– ¿Diga?
– ¿Elizabeth Hasse VanLuthor?
– Si
– Hola; Soy Ethan, estuve en la madrugada contigo en tu casa, ¿Me recuerdas?
– Oh…si claro, dime que pasa.
– Elizabeth, necesito verte… ¿Puedo aparecerme en tu casa en unos minutos?
– Uhm… Okey – Contesté algo dudosa.
– Entonces, nos vemos.
– Adiós – Me despedí mientras guardaba mi móvil.
Terminé mi desayuno y subí a lavar mis dientes y esperé impaciente en mi cuarto jugueteando con mi pelo. ¿Qué será lo que quiere Ethan?, ¿Será él realmente quien me dejó en este estado?, ¿Quién es realmente Ethan?. Durante un largo momento me cuestioné bastante a Ethan y su existencia. Miré el reloj de la mesita de noche y marcaba las 10:30 y justo en ese momento siento unos golpecitos en mi puerta, era Christina.
– Liz, abajo te espera un muchacho, creo que se llama Ethan.
¿Por qué decidió hacerse presente de esa forma?, ¿Era realmente vampiro?
– Voy enseguida, gracias Chris.
– De nada.
Me tomé un momento para retocar mi maquillaje y cambiarme los lentes de contacto, luego bajé y ahí estaba él. A la luz del día era realmente perfecto tanto así que quedé perpleja. Bajé las escaleras y cuando me dirigía a abandonar la casa, me di cuenta que me faltaba algo importantísimo, algo que si no lo llevaba puesto dejaría ver quien realmente soy, algo que sin lugar a dudas no podría dejar pasar.
Al percatarme oportunamente de mi error casi fatal, me devolví corriendo a mi cuarto a buscar y ponerme la tan preciada pieza; una pequeña cruz egipcia con algunos brillantes incrustados, algo de lo que jamás me había desprendido ya que, primero era muy bonita y segundo guardaba mi secreto. Aquella cruz la había encontrado enlazada en mi cuello al momento de despertar en el bosque y cuando un día me la saqué; me di cuenta que mi piel reflejaba los rayos del sol igual como si tuviera brillantes en mi piel, por suerte esa vez estaba sola. Desde aquel momento que no me desprendía de ella.
Luego de enlazarla en mi cuello, bajé nuevamente a recibir a Ethan, quien aún estaba pacientemente esperando. Salimos de casa y me llevó a un lugar muy lindo, un jardín muy aromático lleno de flores y pajaritos, y allí nos sentamos. El sol nos impactaba de lleno en la cara y Ethan, de pronto comenzó a hablar.
– Elizabeth, necesito decirte la verdad.
Estaba desconcertada, pero realmente su voz sonaba sincera así que no tuve otra opción que asentir.
– Cuando te vi en Boston me causaste una especie de shock y desde ese momento, no te he podido dejar ir.
– ¿Qué me quieres decir Ethan? – Contesté desconcertada.
– La verdad.
– ¿De qué estás hablando? – Dije aún más confundida.
– No puedo vivir tranquilo sabiendo que no tienes idea quien soy realmente.
La situación ya se estaba poniendo complicada; lo de las voces se había calmado un poco, pero ahora sentía la de Ethan que decía “¡Como le digo esto!” y sinceramente tenía ganas de salir corriendo. También no me había percatado del buen olor que emanaba su piel, ¿es que no era vampiro como él decía?, ¿a qué verdad se refería?
Ya no aguantaba las ganas de probar su sangre así que eso respondía un poco mi primera interrogante, pero necesitaba saberlo de su propia boca, por lo que esperé.
– Elizabeth…
– ¿Si?
– Yo no…
– ¿Uhm?
De repente salió corriendo y yo aún perpleja, lo dejé ir. Durante unos minutos me quedé ahí pensando; pero luego me dirigí a casa, ahí llamé a Ethan quien me pidió que lo disculpara y que me vendría a ver en la noche. ¿Qué era lo tan importante y complicado que tenía que decirme?
