– ¿Por qué me haces esta invitación?
– Porque llevo esperando años por ti.
– ¿A qué te refieres? – Dije confundida. No tenía la culpa de ser un poco despistada.
– Que te he visto en mis visiones y cuando te vi por primera vez quedé atónito.
– ¿Algo así como amor?
Asintió con la cabeza. No podía negar que cuando lo vi materializarse a mi lado, había quedado perpleja por su belleza, pero apenas sabía quien era.
– No te pediré una respuesta ahora, obviamente. Te daré tiempo para conocernos.
–Uhm – Dije sin expresión alguna.
– Me tengo que ir, Adiós. ¡Ah! Te daré el número de mi móvil – Dijo mientras me pasaba una tarjera y yo le entregaba un papelito con el número de mi móvil. – Gracias – Dijo.
– Adiós – Contesté mientras Max se esfumaba por la ventana.
Eran mis primeros días en Londres y se me habían hecho una eternidad; habían pasado muchas cosas, mentiras, vocecitas, vampiros y… Humanos queriendo ser vampiros. Tenía ganas de regresar a Boston, pero sabía que si lo hacía, sospecharían demasiado, sobretodo Clyo porque ya había visto todos mis disfraces. Me sentía un poco asustada a pesar de mis fortalezas y habilidades. Tenia miedo de que todo se supiera abruptamente y que perdiera a mi familia, tenía miedo porque no sé como reaccionarán cuando algún día sepan la verdad.
Tomé mi móvil y revisé el calendario, era día jueves 11 de Octubre, siendo que yo viajé desde Boston el día 9 de Octubre. Sinceramente ya no sabía que hacer, nunca había pensado que mi estadía en Londres se haría tan difícil, mucho menos que vendría un impostor a hacerse pasar por vampiro y luego llegara el verdadero vampiro. “Oh dios, que difícil es la vida de vampiro” pensé, luego me ovillé nuevamente y cerré los ojos y comencé a ensoñar. Mi ensueño era lo mismo que había visto varias veces, el mismo chico pero ahora me fijé más detenidamente y realmente era Max y no Ethan como creí. Max era perfecto, su pelo castaño y sus ojos marrones (que cambiaban de color obviamente) hacían juego a la perfección, aparte su estatura lo hacía ver muy imponente. Cuando me permití respirar me di cuenta que su piel emanaba un aroma dulzón que realmente me enloquecía. En ese instante en que estuve con Max había puesto más atención a las vocecitas y la voz de Max decía “Es tan bella, tal como lo había visto”, pero yo no creí que Max fuera tan perfecto.
Y así pasó mi tercera noche, pensando tonterías y a veces cosas un poquito más serias. Había tomando muy enserio la propuesta de Max pero, ¿cómo hacerlo para que mi familia no sospechara? Luego de de reflexionarlo toda la noche, decidí que me daría el tiempo de conocer a Max mal que mal no tenía mucho que perder, al contrario, se veía como una gran persona. Ya había llegado la mañana aunque todavía era muy temprano, las 6:21; por lo que tomé una ducha y bajé, había decidido preparar el desayuno para la familia mientras escuchaba las noticias en el CNN. De pronto comenzaron a hablar de Boston y una grave enfermedad viral de fácil contagio por lo que ya varias personas habían muerto. Me preocupé demasiado y llamé a Mathew al instante, contestó luego de unos pocos toques pero de inmediato me calmó diciéndome que la extraña enfermedad no lo había afectado pero de todas formas estaba tomado todas las precauciones.
– Liz; no te preocupes, tu sabes que soy fuerte como un roble – Dijo para tranquilizarme.
– ¡Papá, han muerto varias personas! – Dije histérica.
– Querida, estoy bien. Cualquier cosa te avisaré, no te preocupes.
– Llámame
– Okey, cuídate. Adiós.
– Adiós – Contesté mientras colgaba.
Apenas colgué y me di vuelta para dejar el móvil en la mesa, me di cuenta que mi madre estaba apoyada en el umbral de la puerta mirándome con ojos de ternura y con preocupación.
– ¿Qué ha pasado hija? – Dijo con un bostezo.
– Nada, por el momento. En Boston hay una terrible enfermedad que ya ha cobrado varias vidas por lo que me preocupé y llamé a papá.
– Ah, ¿le ha pasado algo?
– No, gracias a dios.
– Uhm… ¿Has hecho el desayuno? – Continuó con otro bostezo.
Al parecer no le había costado mucho olvidarse de mi padre, realmente preguntaba para no quedar mal ante mi. De cierto modo me decepcionaba.
– Si, hay jugo, café y pan.
– Gracias, llamaré a tus hermanos – Dijo mientras se alejaba subiendo las escaleras. En unos instantes ya todos estaban en la cocina listos para comer, yo había argumentado que había comido mientras preparaba la comida por lo que pude zafarme de la repugnante comida humana. Me escabullí por las escaleras directo a mi cuarto donde ordené lo que había desordenado y me dediqué a maquillar mi blanquecino rostro y cuando me iba a mirar en el espejo, me di cuenta que detrás de mi había alguien que afortunadamente era Max.
– Max, me asustaste – Dije con un tono malhumorado.
– Lo siento.
– Era broma, no te preocupes – Contesté amablemente mientras exhibía mis dientes – ¿Qué pasa?
– Nada, vengo para que hablemos. Me he aburrido mucho sin tu presencia.
– Oh, pero ¿por qué no te quedaste?
– Pensé que te molestaría – Dijo avergonzado.
– En ningún caso, no me incomoda tu presencia, me gusta… relacionarme con los de mi especie.
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