sábado, 13 de junio de 2009

Capítulo 3: Verdades.

Había entrado tan deprisa a casa y luego a mi cuarto que no me había dado cuenta que mamá ni mis hermanos estabas y en la puerta de mi cuarto había una nota que decía “Liz, volvemos pronto, en el horno hay comida si tienes apetito. Mamá”. Obviamente no quería comer por lo que me dediqué a perder mi tiempo que generalmente no me era muy preciado, prendí mi ordenador y comencé a vagabundear en internet. Estaba tan distraía y abstraída del mundo que me asusté cuando sentí vibrar mi móvil en el mueble.

– ¿Sí?

– Elizabeth

– ¿Ethan?

– No podré pasarme por tu casa hoy – Contestó algo avergonzado

– ¿Qué ha pasado?

– Pequeños problemitas

– ¿Necesitas ayuda?

– Nada que no pueda solucionar. Nos vemos cuando se pueda.

– Adiós – Contesté algo confundida.

El tiempo transcurrió más lento de lo normal y eso ya me tenía de mal humor. Quería librarme de todo un momento, por lo que decidí salir a explorar nuevos horizontes, le dejé una nota a mamá que decía “Mamá, me sentía algo ahogada asique salí a tomar aire. Vuelvo luego, Liz”, y luego de eso tomé mi bolso y partí.

Escogí un lugar poco habitado, mejor dicho inhabitado, era una pradera a la que visité hace unas horas con Ethan pero esta vez poblada con animales salvajes por lo que no me molesté en comportarme como humana. Sacié mi sed y luego me tendí en el pasto ya humedecido por la suave niebla; me di cuenta que era tardísimo, las 22:15 por lo que me fui corriendo velozmente a casa, llegué en cosa de minutos pero no bastó para librarme del sermón de mi madre. Iba entrando en puntitas cuando siento la voz de mi madre que me llama y se aproxima.

– Donde has estado – Dijo enojada.

– Me sentía ahogada, quería tomar aire.

– ¿Te diste cuenta que es tarde? ¡Londres no es lo mismo que Boston! Tienes que tener más cuidado, tú sabes que a esta hora es peligroso andar sola en la calle.

– Lo siento – Dije avergonzada.

– Última vez que haces esto. ¿Tienes hambre?

– No mucha, gracias.

– Buenas noches – Dijo mi madre cariñosamente, pero con la ira en los ojos aún.

– Adiós – Le contesté con los ojos llenos de ternura, mientras lanzaba un beso al aire.

Subí rápidamente a mi cuarto y me encerré, tomé una ducha y me quité los lentes de contacto y me ovillé en la cama tapada con una mantita. Estaba esperando que ocurriera un milagro para que Ethan llegara a mi ventana, pero no ocurrió. En cambio otra persona trepó por mi ventana, esta vez alguien que sin dudad llamó mi atención. Era un hombre alto de pelo castaño claro y ojos marrones, era pálido igual que yo. Por un momento dudé de su estado como humano pero no lo creí así.

– Hola, soy Max – Dijo con voz tierna.

Me asusté y me puse en guardia, no estaba respirando por lo que no pude percibir si era humano o vampiro.

– Tranquila, no vengo a hacerte daño.

– ¿Cómo sabes que…? – Se me cortó el aliento, pero rápidamente me repuse –… ¿Vivo aquí?

– Te contaré desde el principio.

– Uhm…

– Tú conoces a un tal Ethan ¿Verdad?

– Si – contesté al tiempo que movía la cabeza para aclarar mis pensamientos.

– Lo que pasa es que él no es vampiro ni tampoco es de apellido Barthlomaus, mucho menos tiene una familia vampírica. Yo soy quien debería haberte venido a ver ese día pero tuve algunos problemas.

– O sea que… ¿es un impostor?

– Así es, por lo mismo, vengo a arreglar las cosas.

– Pero… – Estaba realmente confundida.

– Ethan se hiso pasar por mí, diciendo que tenía una familia de vampiros y todo lo demás. Lo de los vampiros es verdad; pero él no es uno de nosotros, yo lo soy.

– ¿Ah? Que dices.

– Que yo sí te vengo a invitar a nuestra familia.

Me acordé de respirar pero no sentí algún aroma que delatara que era humano, al parecer Max decía la verdad, así que le creí pero nuevamente estaba en frente de una difícil decisión.

No hay comentarios:

Publicar un comentario