sábado, 24 de octubre de 2009

~ El último Atardecer

Cada susurro; cada respiración, cada mirada, cada roce la hacía estremecer, le hacía temblar como cuando la brisa quiere arrastrar la última hoja del árbol en el otoño. Estaban en presencia de un nuevo amanecer, el sol estaba saliendo difuso de entre las verdes colinas pero aún así, se hacía notar con su calor abrasador. Era un nuevo despertar en el cuál se formulaba una única pregunta; la que no tenía respuesta, la que lo dejaba en duda, aquella pregunta que sin lugar a dudas ni quería escuchar. A ella se le llenaron de agrias lágrimas sus ojos mientras que a él se le hacía un nudo en la garganta; sus lágrimas se desbordaron, inundando su cara de un sin fin de angostos ríos que se perdían en la dulzura de sus labios. Parecía que su garganta comenzaba a sangrar; no podía articular palabra alguna, no tenía las fuerzas necesarias para dar su respuesta, no quería causar a la persona que había amaba irrevocable y perdídamente durante tantos años, pero era necesario para no llevar y consagrar una vida llena de mentiras y cinismos, era necesario para no marchitar su corazón. Están ante un nuevo atardecer, juntos con sus manos entrelazadas, están ante el fin de una historia... Su historia y el último atardecer.